Pitu

Y aquí seguimos, despidiéndonos.

Cuando tenía 12 o 13 años, me regalaron un gato. Me la ofreció la hija de una señora que ayudaba a mi abuela en casa. Estaba sustituyendo a su madre unos días y yo visitando a mi abuela. “¿Quieres un gatito?” “Claro”.
Meterlo en casa fue bastante fácil. No teníamos mascota y me la jugué al que al verla, la aceptarían. Mi madre no puso problema, mi padre cuando la vio, tampoco. Mi hermano pequeño supongo que estaría encantado. Teníamos gato.
La pelea por darle un nombre me la recordó mi hermano hace un par de semanas. Cada uno tenía su opción hasta que mi padre sentenció. “Llamadla como querais, yo la voy a llamar pitufa”. Y pitu se quedó.

Al año, mi padre (reacio para con los animales de boquilla), se encontró a otro gatito cuando estaba tomando algo por los bares de cerca de mi casa. Un maullido en una obra le hizo acercarse y ver un gatito que no tendría más de 15 días saliendo de una obra. Lo trajo a casa a la hora de comer y recuerdo que lloraba mucho cuando lo subió. Alguien gritaba: “¡Mira lo que ha traído papá!”, y yo de primeras pensé en un pollito, porque de pequeño que era, aún no alcanzaba a decir un ‘miau’ si no una especie de ‘miiii’ ‘miiii’. Ese nuevo gato, además de pulgas, trajo un pene de gato a la familia. Y ese pene, al año, trajo una relación prematrimonial entre pitu y ñapas. Relación que generó antes de convertirle en todo un castratti, dos camadas. Fueron siete gatitos que, tras reparto, se quedaron en uno más para nosotros. Hembra afortunadamente. Así que, hasta este sábado, hemos tenido en casa una familia de papa gato, mamá gata y gatita a quien, por su tamaño, se la llama enana.

Parece mentira el cariño que se le puede coger a un animal. Con los perros parece que socialmente se entienda más. Los gatos siempre tienen asociada esa idea de que son demasiado individualistas, incluso egoistas. Pues los míos siempre han sido muy cariñosos, y pitu incluso tuvo un par de detalles que nos dejaron muy extrañados.
Lo primero que me avisaron respecto al parto de la gata era que, cuando un gato va a parir, normalmente se esconde un par de días en un sitio donde nadie la encuentre. En la casa en la que vivía por la época de los partos, había mil escondrijos y recovecos (una casa antigua de 180 metros cuadrados, imaginaos) pero el día del alumbramiento, se vino conmigo a mi cama. Al principio intentaba meterse dentro de las sábanas (muchas veces ha dormido ahí). Cuando vio que no la dejaba, decidió, tan gordísima ella como insistente, ponerse sobre el edredón. Yo nunca había visto un parto de gatos por lo que pensaba que aquello iba a ser una sangría y no era lo que más me apetecía tener sobre mi colchón. Así que al final, a base de bajarla de la cama cada vez que ella subía, la convencí de que lo hiciera en su cesta junto a mi cama.
La cosa se alargó hasta la mañana así que al final acabamos por llevarla al salón y allí parió sobre unas toallas los 4 primeros gatitos.

El siguiente tópico-consejo que me dieron fue que no tocasemos a las crías, porque si no la gata los repudia. Nosotros estuvimos con ellos en las manos desde el primer minuto. Y no solo los aceptó, si no que llegó a tomarme por su canguro. Estando tumbado viendo la televisión y ella con sus gatos en la cesta junto al radiador, decidió darse un paseo por la casa. Para ello, cogio gato por gato del cuello y los fue depositando junto a mi en el sofá. Cuando los cuatro estaban durmiendo pegados a mi barriga, ella se fue de paseo. Así que individualistas, ¿no?

Hace unos meses, la matriarca empezó a desarrollar unos bultos en las tetas que parecían desaparecer solos. Pero últimamente, se la notaba cansada e hinchada al mismo tiempo. No comía y pasaba ratos largos durmiendo sobre la arena de su caja. Sabíamos que se acercaba su fin pero no parecía sufrir ni se quejaba excepto cuando la palpabas la barriga, optamos por dejarla apagarse poco a poco. Este sábado, estando en Amsterdam, me llamó mi madre para decirmelo. Ahora está en el monte en una cajita enterrada por mi padre. Se la echará de menos.

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Una respuesta

  1. Qué buena suerte la de los gatos en tu familia. El mío morirá virgen dentro de muchos muchos años. Y espero que sin sufrimiento, que no se lo merece.

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